Tristemente hoy, 25 de noviembre, se celebre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
No sé cómo puede entenderse que ningún hombre (nadie, en general, me da igual el género) exprese su "amor/afecto" hacia su pareja a base de golpes, amenazas, insultos...
Me dan ganas de gritar y gritar y seguir gritando de rabia y asco.
Cómo puede convertirse relación alguna, del tipo que sea, en un reino del terror cotidiano.
El amor, el sexo, la amistad.... pueden formar parte de la ecuación pero el miedo, el miedo NO así que bésame, ámame, lámeme, acaríciame, habla conmigo, discutamos sobre esto o aquello... pero, ni por un momento te sientas en posesión de mi persona a ningún nivel, porque no soy tuya, no soy de nadie, me pertenezco tan sólo a mi y decido o no compartir mi tiempo y a mi misma contigo.
martes, 25 de noviembre de 2014
jueves, 6 de noviembre de 2014
take a shower
Después del sexo, darse una ducha caliente es una experiencia altamente gratificante, especialmente porque suele ser compartida.
Lo vi alejarse hacia el cuarto de baño (gratísima visión) mientras intentaba recomponerme mínimamente después del "cuerpo a cuerpo", me desperecé poco a poco, estirando los músculos, y salí de la cama siguiendo sus pasos pero, la pequeña voyeur que habita en mi decidió retenerme en el marco de la puerta observando cómo el agua recorría su cuerpo que se relajaba con el vapor caliente proporcionándome uno de esos momentos de pequeños placeres secretos que solo se consiguen cuando nadie te ve.
Satisfecha con aquel momento personal de recreo visual me metí en la ducha y deslicé un dedo por su espalda mientras con la otra mano tanteaba el gel de baño.
- Hola, dijo con voz suave, girando a un lado la cara y ofreciéndome esa media sonrisa absolutamente irresistible.
- Hola, respondí rodeándole con las manos llenas de gel.
Noté como se tensaba su cuerpo debajo de mis manos jabonosas que se deslizaban despacio por su pecho, su abdomen, alrededor de su ombligo... mientras besaba y mordía suavemente su espalda y sus deliciosísimos hombros. Al rato una importante erección me saludaba y mis manos no pudieron dejar pasar la ocasión de deslizarse entre espuma por aquel durísimo objeto de deseo. Mientras lo acariciaba, su legítimo dueño empezaba a tensar la mandíbula y buscar con sus manos, tras de él, carne ajena.
- Shhhhh... le susurré al oído, relájate, déjame hacer a mi esta vez. Poco convencido se abandonó a mi masaje jabonoso que se completó con una buena dosis más de aquel aromático gel de baño, esta vez sobre mis tetas, que comenzaron a formar espuma en su espalda y gelatina entre mis piernas.
Realmente, sentir el contacto de su piel en mis tetas y notar entre mis dedos su excitación era una verdadera delicia, pero entonces cogió mis muñecas, se giró y me hizo girar a mí quedando de espaldas a él.
- Ya está bien... ¿no? me dijo con voz ronca junto a la nuca. Dejó caer un poco de gel sobre mis nalgas, puso mis manos frente a los azulejos de la ducha (ahora te toca estarte quietecita...) y me recorrió con las manos jabonosas proporcionándome la misma "tortura" que yo le había infringido a él, haciéndome sentir contra mis nalgas como de excitado estaba. Me besó el cuello y acercándose a mi oído me dijo:
- Creo que voy a tener que follarte otra vez, cielo...
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Frío
Era mediados de enero, más frío no podía hacer. Me llamó por teléfono para invitarme a cenar en su casa el viernes, la verdad es que ya habíamos cenado muchas veces antes, pero en mi apartamento.
- Tráete el cepillo de dientes, me dijo antes de colgar, ese fin de semana no estarían sus padres, ni sus dos hermanos, se irían a ver a unos familiares, lejos, el se quedaba porque... tenía "mucho que estudiar y los parciales de febrero ya estaban ahí" (un chico responsable).
El viernes llegué a casa de mis clases, comía algo y abrí la puerta de mi armario a la búsqueda del outfit perfecto, algo que dijese, no sé... "Me he puesto la primer cosita que encontrado y me queda así de ideal" o "¿yo? pero si yo he venido porque me has invitado a cenar", o tal vez "la verdad es que me da igual la cena porque te pienso comer a ti". Pero nada, no lo tenía claro, nada terminaba de convencerme.
La hora de irse a casa de mi anfitrión estaba cercana así que dejé de preocuparme por el vestuario, terminé de arreglarme, me puse mi abrigo largo de paño gris y una buena bufanda para el frío y salí hacia mi cita.
Al llegar a su casa me abrió la puerta con un par de cervezas en la mano, me miró y riéndose dijo:
- Menuda cara de frío.
- ¿qué quieres? ahí fuera hay como menos seis grados... respondí. Me quedé allí, en la entrada del salón, de pié, mirándole terminar de colocar un plato con patatas sobre la mesa.
- ¿Te vas a quedar ahí todo el fin de semana? Si no te quitas el abrigo te va a dar algo que aquí la calefacción está muy fuerte, fíjate, yo voy en manga corta.
Me quité la bufanda y mientras me desabrochaba el abrigo le pregunté dónde podía dejar ambas cosas. Me miró nuevamente para señalarme un perchero que había tras de mi y que, por supuesto, yo ya había visto.
- Mujer, pues ahí mism... ...o ¡joder! pe...peeero ¿has venido así desde tu casa?
- Si... bueno... no encontraba nada que ponerme ¿Es que no voy bien?
Al final, debajo del abrigo sólo estábamos un fantástico conjunto negro de lencería, unas medias y yo.
- Tráete el cepillo de dientes, me dijo antes de colgar, ese fin de semana no estarían sus padres, ni sus dos hermanos, se irían a ver a unos familiares, lejos, el se quedaba porque... tenía "mucho que estudiar y los parciales de febrero ya estaban ahí" (un chico responsable).
El viernes llegué a casa de mis clases, comía algo y abrí la puerta de mi armario a la búsqueda del outfit perfecto, algo que dijese, no sé... "Me he puesto la primer cosita que encontrado y me queda así de ideal" o "¿yo? pero si yo he venido porque me has invitado a cenar", o tal vez "la verdad es que me da igual la cena porque te pienso comer a ti". Pero nada, no lo tenía claro, nada terminaba de convencerme.
La hora de irse a casa de mi anfitrión estaba cercana así que dejé de preocuparme por el vestuario, terminé de arreglarme, me puse mi abrigo largo de paño gris y una buena bufanda para el frío y salí hacia mi cita.
Al llegar a su casa me abrió la puerta con un par de cervezas en la mano, me miró y riéndose dijo:
- Menuda cara de frío.
- ¿qué quieres? ahí fuera hay como menos seis grados... respondí. Me quedé allí, en la entrada del salón, de pié, mirándole terminar de colocar un plato con patatas sobre la mesa.
- ¿Te vas a quedar ahí todo el fin de semana? Si no te quitas el abrigo te va a dar algo que aquí la calefacción está muy fuerte, fíjate, yo voy en manga corta.
Me quité la bufanda y mientras me desabrochaba el abrigo le pregunté dónde podía dejar ambas cosas. Me miró nuevamente para señalarme un perchero que había tras de mi y que, por supuesto, yo ya había visto.
- Mujer, pues ahí mism... ...o ¡joder! pe...peeero ¿has venido así desde tu casa?
- Si... bueno... no encontraba nada que ponerme ¿Es que no voy bien?
Al final, debajo del abrigo sólo estábamos un fantástico conjunto negro de lencería, unas medias y yo.
Se nos enfrió la cena, claro.
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