Lo vi alejarse hacia el cuarto de baño (gratísima visión) mientras intentaba recomponerme mínimamente después del "cuerpo a cuerpo", me desperecé poco a poco, estirando los músculos, y salí de la cama siguiendo sus pasos pero, la pequeña voyeur que habita en mi decidió retenerme en el marco de la puerta observando cómo el agua recorría su cuerpo que se relajaba con el vapor caliente proporcionándome uno de esos momentos de pequeños placeres secretos que solo se consiguen cuando nadie te ve.
Satisfecha con aquel momento personal de recreo visual me metí en la ducha y deslicé un dedo por su espalda mientras con la otra mano tanteaba el gel de baño.
- Hola, dijo con voz suave, girando a un lado la cara y ofreciéndome esa media sonrisa absolutamente irresistible.
- Hola, respondí rodeándole con las manos llenas de gel.
Noté como se tensaba su cuerpo debajo de mis manos jabonosas que se deslizaban despacio por su pecho, su abdomen, alrededor de su ombligo... mientras besaba y mordía suavemente su espalda y sus deliciosísimos hombros. Al rato una importante erección me saludaba y mis manos no pudieron dejar pasar la ocasión de deslizarse entre espuma por aquel durísimo objeto de deseo. Mientras lo acariciaba, su legítimo dueño empezaba a tensar la mandíbula y buscar con sus manos, tras de él, carne ajena.
- Shhhhh... le susurré al oído, relájate, déjame hacer a mi esta vez. Poco convencido se abandonó a mi masaje jabonoso que se completó con una buena dosis más de aquel aromático gel de baño, esta vez sobre mis tetas, que comenzaron a formar espuma en su espalda y gelatina entre mis piernas.
Realmente, sentir el contacto de su piel en mis tetas y notar entre mis dedos su excitación era una verdadera delicia, pero entonces cogió mis muñecas, se giró y me hizo girar a mí quedando de espaldas a él.
- Ya está bien... ¿no? me dijo con voz ronca junto a la nuca. Dejó caer un poco de gel sobre mis nalgas, puso mis manos frente a los azulejos de la ducha (ahora te toca estarte quietecita...) y me recorrió con las manos jabonosas proporcionándome la misma "tortura" que yo le había infringido a él, haciéndome sentir contra mis nalgas como de excitado estaba. Me besó el cuello y acercándose a mi oído me dijo:
- Creo que voy a tener que follarte otra vez, cielo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Me encantará conocer tu opinión. Gracias