martes, 16 de diciembre de 2014

Shhhhh....

Shhhh.... me susurró en la nuca, viene alguien. Y un segundo después ese alguien anónimo pasaba a nuestro lado con aparente indiferencia. En ese brevísimo instante yo había intentado cubrirme las tetas a duras penas con la camiseta desplomada a la altura de mi cintura y finalmente me decanté por girarme lo suficiente para hundir mi cara en el pecho de mi partenair que hizo de frontera visual lo mejor que pudo.

Que vergüenza... ¿crees que nos habrá visto? dije en un ataque de mojigatez, hombre... a no ser que sea ciego y teniendo en cuenta que esto es tan estrecho que me ha rozado el codo al pasar, yo diría que si, me contestó no sin cierta ironía indulgente que me hizo sentir un poco más avergonzada, si es que eso era posible. El corazón se me quería salir por la boca del susto, y es que, aquella noche de agosto, con los calores estivales y el roce, que ya se sabe que hace el cariño, mi acompañante y yo  nos vimos inmersos en una desazón sexual que nos llevó a un callejoncito oscuro cuya ubicación, casualmente, él conocía (decidí ignorar este detalle y anotar las coordenadas de tan preciado lugar en mi propio cuaderno de campo) para liberar aquella  aplastante tensión sexual que venía consumiendo el oxígeno circundante desde hacía ya varias horas.

He de reconocer que el sitio era perfecto, una callejuela acodada y corta, sin luz, apenas un pequeño pasaje muy estrecho con un saliente en la tapia a la altura de la cadera y, creo recordar, sin ventanas. Un sitio poco transitado al que, además, llegaba el olor dulcísimo de algún arbusto de floración nocturna y estival que se descolgaba por el muro desde la finca contigua.

Casi sin mediar palabra coló una mano por la abertura de mi pareo cruzado mientras con la otra se desabrochaba el cinturón, tarea de la que le relevé para que pudiera dedicarse a sobarme las tetas con la mano libre. Aquello no se prolongó demasiado porque él podía cascar nueces con su pene y yo tenía las bragas literalmente empapadas así que me acomodó en el saliente del muro y abriendo el pareo se recreó paseando la lengua por mis tetas y sorbiéndome, literalmente, el coño haciendo un ruido parecido al de sorber la sopa o los espaguetis que resonaba por el eco y el silencio de aquellas horas de la madrugada.

Me besó para que pudiese notar el sabor y el olor de mi sexo en su boca mientras se hacía un sitio entre mis muslos y un poco más adentro, sin muchos miramientos, muy profundamente, cosa a la que yo contribuí abrazándolo con las piernas. Después de un momento de permanecer así empezamos a movernos despacio hasta alcanzar un ritmo bastante más rápido y fuerte (no estábamos para muchas contemplaciones ninguno de los dos).

Casi a punto de correrme y haciendo esfuerzos por no gritar como le correspondía a mi incipiente orgasmo, ante mi sorpresa, paró de moverse y salió de mi. No me lo podía creer.... pero qué coñ... entonces me giró, cara a la pared, con sus manos en mis caderas, tiró de mi un poco hacia atrás y se acopló otra vez mordiendo y lamiendo mi cuello y masajeando mis pezones entre sus dedos. Yo me sujetaba con una mano en la pared mientras con la otra acariciaba mi clítoris y entonces... 

Shhhh.... viene alguien.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Autoplacer

¿Sabes esas veces en las que no eres dueña de ti misma?

Me pasa con él... y ni siquiera me ha tocado.  La verdad es que no sé que pensar de mi, no sé hasta que punto esto es "normal/decente/coherente/bueno/racional/sano/reprobable/..." (seguramente eso es lo mejor de todo). De todos modos ¿cómo puede alguien tener a tus bragas en jaque de esa manera sin hacer, aparentemente, nada?

Así que me masturbo, aveces mucho, aveces menos, aveces con él, aveces sola, aveces muy sola, aveces... pensando en otros, también aveces con la mente en blanco, serena y sin prisa,  reconociendo el placer y sus diferentes formas.

Me encanta eso, relajarme, no pensar en nada, realizar una respiración pausada y acariciarme despacio para ir entrando poco a poco en esas fantásticas sensaciones de placer que llenan mi cerebro. Esa pequeña lucha interior por mantener la calma dentro de la excitación, por no acelerar en un momento y precipitarme al orgasmo como un corredor que ansía cruzar la línea de meta, es el reto a lograr, mi objetivo.

Así que me mantengo ahí, dejando crecer el placer suavemente hasta que, por fin, se desborda por si sólo y me sacude en suaves y profundas oleadas que suelen decaer, poco a poco, hacia un plácido y relajante sueño.

lunes, 8 de diciembre de 2014

saturday night

En esta época en la que las bajas temperaturas empiezan a ser una constante (este año un poco menos) y meterse bajo un buen nórdico uno de los grandes placeres de la vida, una descubre que, en ocasiones, el frió tiene su parte buena.

Y es que el frío puede proporcionar deliciosísimos momentos bajo las mantas.

Recuerdo un sábado por la tarde, casi noche, en que llegué a casa empapada y medio congelada después de tener un "encuentro" con una de esas tormentas a traición que te pillan volviendo del super con una bolsa en cada mano.

Después de la glamurosa e inevitable tarea de guardar la compra dejé toda la ropa húmeda en el cesto y me metí bajo una ducha caliente que, básicamente, me resucitó en combinación con una taza de te.

Enfundada en una camiseta cedida y unos calcetines decidí que mi "perfecto" saturday night tenía que continuar en la cama y en buena compañía, así que, instalada bajo el nórdico, me decanté por una lectura divertida y ligera que me mantuvo entretenida.... hasta que me dormí en algún momento.

¿Apasionante eh? pues justo ahí alguien se coló junto a mi bajo las mantas. mi Alguien traía parte del frío húmedo del exterior entre el pelo y en las manos que, maliciosamente, se deslizaron por debajo de mi enorme camiseta de dormir despertándome por completo y haciéndome soltar un gritito ahogado.

Continuó acariciándome las caderas despacio, notaba sus dedos fríos que hacían que se me contrajese el cuerpo medio por el contraste térmico, medio por el placer. Caprichosamente se adentró a explorar otros territorios bajo la ropa hasta hacerse, ya con mis tetas que se marcaban con evidencia bajo la camiseta, ya con mi sexo que se humedecía anticipándose a todo lo demás.

Mi mano decidió explorar también tras de mi para verse sorprendida por una fantástica erección que no hizo otra cosa que excitarme aun más, así que me dejé llevar, me giré, me senté sobre él y lo sentí encajar dentro de mí, no creo haber podido imaginar nada mejor para aquella noche de sábado que la sensación de ir y venir a mi antojo sobre él mientras me acariciaba los pezones.