lunes, 20 de octubre de 2014

Keep Calm and Kiss my Neck

Quizás el más exquisito de los placeres sea sentir unos labios recorriendo el cuello, la mandíbula, los hombros, las clavículas...

Notar ese suave calorcito húmedo en una zona tan sensible como el cuello en contraste con unos brazos que te rodean ejerciendo una cierta presión, amén de otros "rigores" físicos no se puede describir. Y que a pesar de esa más que evidente urgencia esos labios sigan acariciando despacio cada centímetro de los hombros o mordisqueando suavemente la mandíbula resulta digno de reconocimiento y agradecimiento sincero.

La sensación que se experimenta se refleja a la perfección en esa preciosa obra de Bernini, la Beata Ludovica Albertoni, con esa expresión de éxtasis absoluto, esos labios entreabiertos en un gemido sordo, la espalda arqueada y la mano sobre el pecho... ¡esa! ¡exáctamente esa! es la sensación al contacto de esos besos y caricias en el cuello. 

La sensación de que el reloj se para y tu ropa interior se inunda, la certeza de que esa boca descenderá hacia los pechos y, seguramente, más allá. Cierras los ojos y te dejas morir de éxtasis, como la "Beata".


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