La luz entraba por el ventanal, abrí los ojos y fui acostumbrándome poco a poco al entorno de aquella habitación desconocida. La cama era alta y grande, las sábanas blanquísimas; por el suelo se veía un reguero de ropas revueltas que llegaba hasta la cómoda, junto a la ventana, sobre la que había publicidad del hotel.
Empecé a reaccionar, a ser consciente de la noche anterior, de que estaba desnuda bajo las sábanas y de que no estaba sola. Tras de mi podía notar una respiración acompasada de alguien que dormía relajadamente.
Me giré despacio y allí estaba, tendido boca arriba, con uno de los brazos por encima de la cabeza. Después de pasear los ojos sobre él a placer comencé a retirar poco a poco las sábanas para ver más y mejor, para recrearme a capricho con el objeto del deseo de la noche anterior. Ahí estaba, desnudo, relajado, ajeno a mi mirada y a los pensamientos y deseos que se agolpaban justo detrás de mis ojos.
Sentía como se me aceleraba el pulso y me ponía húmeda así que me bajé de la cama de puntillas y me senté junto a sus pies. Me acerqué despacio y mi lengua rozó el arco interior de su pié izquierdo, ascendiendo hasta su dedo gordo que rodee con los labios.
Se removió un poco y murmuró algo, no sé qué, yo seguí lamiendo poco a poco sus piernas, el hueco de su rodilla, sus muslos, el dedo índice de su mano derecha... entonces me acerqué a su ombligo que se tenso al contacto con mi lengua.
A esas alturas, al menos una parte de él parecía bien despierta y fui bajando hasta quedar a unos centímetros de sus testículos. Dejé que notase el calor de mi aliento, el roce de la punta de mi nariz y luego mis labios y mi lengua que se paseó rodeándolos y lamiéndolos despacio hasta meterlos uno a uno en la boca con una suave succión. Él gimió, estaba segura de que llevaba un rato despierto pero haciéndose el dormido, dejándome hacer.
Mi lengua se posó en la base de su pene y subió dibujando una línea de saliva hasta llegar a la parte superior totalmente rígida y casi púrpura. Lamí los bordes del glande, despacito, con golpecitos cortos de lengua, volvió a gemir y le dejé entrar en mi boca, sólo un poco, me quedé quieta un momento y después, sin dejarlo salir, empecé a acariciarlo nuevamente con la lengua haciendo que parte de mi saliva resbalase.
Mientras tanto le acariciaba los testículos cada vez más duros y mi otra mano rodeaba la base de su polla que se abrió camino un poco más adentro en mi boca.
- "Mírame". Alcé la vista y con ella deslicé los labios hacia arriba seguidos por mi mano, lamí la puntita haciendo presión mientras mi mano seguía deslizándose arriba y abajo.

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