lunes, 19 de enero de 2015

Dulce

Y suave... de esa manera me besa, aveces como si se recreara en saborearme, como si necesitase mi boca para respirar... como si de ella saliese todo lo que necesita para vivir

¡Qué locura! siete días con sus siete noches sin salir del apartamento, solos, él y yo, sin podernos soltar el uno al otro apenas para comer algo y beber agua.

Siete días como en una suave borrachera de sexo, besos, caricias, mordiscos... olor embriagador a cuerpos desnudos y sudorosos, a licor servido en ombligos, a placer absoluto e incesante que va y viene a oleadas sacudiendo nuestros cuerpos uno sobre otro, uno junto al otro.

Al momento, descansando amarrados de brazos y piernas, al momento.... sus manos empiezan a recorrerme, primero mis labios, después mi cuello, poco a poco ascendiendo por mis pechos hasta atrapar uno de mis pezones entre los dedos y el otro entre los labios. 

Empiezo a gemir, aun con los ojos cerrados en aquel medio sueño placentero, sintiendo su pelo desparramado a mi alrededor. Desliza su mano despacio, tanteando mis ganas, hasta mi sexo húmedo, muy húmedo y lo acaricia, lo explora con cuidado, abriéndolo, entrando en él, haciéndome arquear el cuerpo y abrir ojos y boca en una "ohhhhhhhhhhhhhh" inevitable.

Comienzo a moverme buscando cabalgar sus dedos y él me acaricia por dentro haciéndome enloquecer con un suave y firme movimiento con el que pareciera estar diciendo "ven, ven". Acaricio su pelo y busco su boca que me besa despacio y me susurra palabras imposibles hasta que el orgasmo me sacude por completo mientras rodeo su cuello con mis brazos.

Ahora ya no sé si me lo he imaginado todo, aquellos siete días parecen tan lejos... pero aun tengo su olor pegado a mi.

martes, 16 de diciembre de 2014

Shhhhh....

Shhhh.... me susurró en la nuca, viene alguien. Y un segundo después ese alguien anónimo pasaba a nuestro lado con aparente indiferencia. En ese brevísimo instante yo había intentado cubrirme las tetas a duras penas con la camiseta desplomada a la altura de mi cintura y finalmente me decanté por girarme lo suficiente para hundir mi cara en el pecho de mi partenair que hizo de frontera visual lo mejor que pudo.

Que vergüenza... ¿crees que nos habrá visto? dije en un ataque de mojigatez, hombre... a no ser que sea ciego y teniendo en cuenta que esto es tan estrecho que me ha rozado el codo al pasar, yo diría que si, me contestó no sin cierta ironía indulgente que me hizo sentir un poco más avergonzada, si es que eso era posible. El corazón se me quería salir por la boca del susto, y es que, aquella noche de agosto, con los calores estivales y el roce, que ya se sabe que hace el cariño, mi acompañante y yo  nos vimos inmersos en una desazón sexual que nos llevó a un callejoncito oscuro cuya ubicación, casualmente, él conocía (decidí ignorar este detalle y anotar las coordenadas de tan preciado lugar en mi propio cuaderno de campo) para liberar aquella  aplastante tensión sexual que venía consumiendo el oxígeno circundante desde hacía ya varias horas.

He de reconocer que el sitio era perfecto, una callejuela acodada y corta, sin luz, apenas un pequeño pasaje muy estrecho con un saliente en la tapia a la altura de la cadera y, creo recordar, sin ventanas. Un sitio poco transitado al que, además, llegaba el olor dulcísimo de algún arbusto de floración nocturna y estival que se descolgaba por el muro desde la finca contigua.

Casi sin mediar palabra coló una mano por la abertura de mi pareo cruzado mientras con la otra se desabrochaba el cinturón, tarea de la que le relevé para que pudiera dedicarse a sobarme las tetas con la mano libre. Aquello no se prolongó demasiado porque él podía cascar nueces con su pene y yo tenía las bragas literalmente empapadas así que me acomodó en el saliente del muro y abriendo el pareo se recreó paseando la lengua por mis tetas y sorbiéndome, literalmente, el coño haciendo un ruido parecido al de sorber la sopa o los espaguetis que resonaba por el eco y el silencio de aquellas horas de la madrugada.

Me besó para que pudiese notar el sabor y el olor de mi sexo en su boca mientras se hacía un sitio entre mis muslos y un poco más adentro, sin muchos miramientos, muy profundamente, cosa a la que yo contribuí abrazándolo con las piernas. Después de un momento de permanecer así empezamos a movernos despacio hasta alcanzar un ritmo bastante más rápido y fuerte (no estábamos para muchas contemplaciones ninguno de los dos).

Casi a punto de correrme y haciendo esfuerzos por no gritar como le correspondía a mi incipiente orgasmo, ante mi sorpresa, paró de moverse y salió de mi. No me lo podía creer.... pero qué coñ... entonces me giró, cara a la pared, con sus manos en mis caderas, tiró de mi un poco hacia atrás y se acopló otra vez mordiendo y lamiendo mi cuello y masajeando mis pezones entre sus dedos. Yo me sujetaba con una mano en la pared mientras con la otra acariciaba mi clítoris y entonces... 

Shhhh.... viene alguien.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Autoplacer

¿Sabes esas veces en las que no eres dueña de ti misma?

Me pasa con él... y ni siquiera me ha tocado.  La verdad es que no sé que pensar de mi, no sé hasta que punto esto es "normal/decente/coherente/bueno/racional/sano/reprobable/..." (seguramente eso es lo mejor de todo). De todos modos ¿cómo puede alguien tener a tus bragas en jaque de esa manera sin hacer, aparentemente, nada?

Así que me masturbo, aveces mucho, aveces menos, aveces con él, aveces sola, aveces muy sola, aveces... pensando en otros, también aveces con la mente en blanco, serena y sin prisa,  reconociendo el placer y sus diferentes formas.

Me encanta eso, relajarme, no pensar en nada, realizar una respiración pausada y acariciarme despacio para ir entrando poco a poco en esas fantásticas sensaciones de placer que llenan mi cerebro. Esa pequeña lucha interior por mantener la calma dentro de la excitación, por no acelerar en un momento y precipitarme al orgasmo como un corredor que ansía cruzar la línea de meta, es el reto a lograr, mi objetivo.

Así que me mantengo ahí, dejando crecer el placer suavemente hasta que, por fin, se desborda por si sólo y me sacude en suaves y profundas oleadas que suelen decaer, poco a poco, hacia un plácido y relajante sueño.

lunes, 8 de diciembre de 2014

saturday night

En esta época en la que las bajas temperaturas empiezan a ser una constante (este año un poco menos) y meterse bajo un buen nórdico uno de los grandes placeres de la vida, una descubre que, en ocasiones, el frió tiene su parte buena.

Y es que el frío puede proporcionar deliciosísimos momentos bajo las mantas.

Recuerdo un sábado por la tarde, casi noche, en que llegué a casa empapada y medio congelada después de tener un "encuentro" con una de esas tormentas a traición que te pillan volviendo del super con una bolsa en cada mano.

Después de la glamurosa e inevitable tarea de guardar la compra dejé toda la ropa húmeda en el cesto y me metí bajo una ducha caliente que, básicamente, me resucitó en combinación con una taza de te.

Enfundada en una camiseta cedida y unos calcetines decidí que mi "perfecto" saturday night tenía que continuar en la cama y en buena compañía, así que, instalada bajo el nórdico, me decanté por una lectura divertida y ligera que me mantuvo entretenida.... hasta que me dormí en algún momento.

¿Apasionante eh? pues justo ahí alguien se coló junto a mi bajo las mantas. mi Alguien traía parte del frío húmedo del exterior entre el pelo y en las manos que, maliciosamente, se deslizaron por debajo de mi enorme camiseta de dormir despertándome por completo y haciéndome soltar un gritito ahogado.

Continuó acariciándome las caderas despacio, notaba sus dedos fríos que hacían que se me contrajese el cuerpo medio por el contraste térmico, medio por el placer. Caprichosamente se adentró a explorar otros territorios bajo la ropa hasta hacerse, ya con mis tetas que se marcaban con evidencia bajo la camiseta, ya con mi sexo que se humedecía anticipándose a todo lo demás.

Mi mano decidió explorar también tras de mi para verse sorprendida por una fantástica erección que no hizo otra cosa que excitarme aun más, así que me dejé llevar, me giré, me senté sobre él y lo sentí encajar dentro de mí, no creo haber podido imaginar nada mejor para aquella noche de sábado que la sensación de ir y venir a mi antojo sobre él mientras me acariciaba los pezones.




martes, 25 de noviembre de 2014

¡NO!

Tristemente hoy, 25 de noviembre, se celebre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

No sé cómo puede entenderse que ningún hombre (nadie, en general, me da igual el género) exprese su "amor/afecto" hacia su pareja a base de golpes, amenazas, insultos...

Me dan ganas de gritar y gritar y seguir gritando de rabia y asco.

Cómo puede convertirse relación alguna, del tipo que sea, en un reino del terror cotidiano.

El amor, el sexo, la amistad.... pueden formar parte de la ecuación pero el miedo, el miedo NO así que bésame, ámame, lámeme, acaríciame, habla conmigo, discutamos sobre esto o aquello... pero, ni por un momento te sientas en posesión de mi persona a ningún nivel, porque no soy tuya, no soy de nadie, me pertenezco tan sólo a mi y decido o no compartir mi tiempo y a mi misma contigo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

take a shower

Después del sexo, darse una ducha caliente es una experiencia altamente gratificante, especialmente porque suele ser compartida.

Lo vi alejarse hacia el cuarto de baño (gratísima visión) mientras intentaba recomponerme mínimamente después del "cuerpo a cuerpo", me desperecé poco a poco, estirando los músculos, y salí de la cama siguiendo sus pasos pero, la pequeña voyeur que habita en mi decidió retenerme en el marco de la puerta observando cómo el agua recorría su cuerpo que se relajaba con el vapor caliente proporcionándome uno de esos momentos de pequeños placeres secretos que solo se consiguen cuando nadie te ve.

Satisfecha con aquel momento personal de recreo visual me metí en la ducha y deslicé un dedo por su espalda mientras con la otra mano tanteaba el gel de baño.
- Hola, dijo con voz suave, girando a un lado la cara y ofreciéndome esa media sonrisa absolutamente irresistible.
- Hola, respondí rodeándole con las manos llenas de gel. 

Noté como se tensaba su cuerpo debajo de mis manos jabonosas que se deslizaban despacio por su pecho, su abdomen, alrededor de su ombligo... mientras besaba y mordía suavemente su espalda y sus deliciosísimos hombros. Al rato una importante erección me saludaba y mis manos no pudieron dejar pasar la ocasión de deslizarse entre espuma por aquel durísimo objeto de deseo. Mientras lo acariciaba, su legítimo dueño empezaba a tensar la mandíbula y buscar con sus manos, tras de él, carne ajena. 
- Shhhhh... le susurré al oído, relájate, déjame hacer a mi esta vez. Poco convencido se abandonó a mi masaje jabonoso que se completó con una buena dosis más de aquel aromático gel de baño, esta vez sobre mis tetas, que comenzaron a formar espuma en su espalda y gelatina entre mis piernas.

Realmente, sentir el contacto de su piel en mis tetas y notar entre mis dedos su excitación era una verdadera delicia, pero entonces cogió mis muñecas, se giró y me hizo girar a mí quedando de espaldas a él. 
- Ya está bien... ¿no? me dijo con voz ronca junto a la nuca. Dejó caer un poco de gel sobre mis nalgas, puso mis manos frente a los azulejos de la ducha (ahora te toca estarte quietecita...) y me recorrió con las manos jabonosas proporcionándome la misma "tortura" que yo le había infringido a él, haciéndome sentir contra mis nalgas como de excitado estaba. Me besó el cuello y acercándose a mi oído me dijo:
- Creo que voy a tener que follarte otra vez, cielo...

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Frío

Era mediados de enero, más frío no podía hacer. Me llamó por teléfono para invitarme a cenar en su casa el viernes, la verdad es que ya habíamos cenado muchas veces antes, pero en mi apartamento.
-  Tráete el cepillo de dientes, me dijo antes de colgar, ese fin de semana no estarían sus padres, ni sus dos hermanos, se irían a ver a unos familiares, lejos, el se quedaba porque... tenía "mucho que estudiar y los parciales de febrero ya estaban ahí" (un chico responsable).

 El viernes llegué a casa de mis clases, comía algo y abrí la puerta de mi armario a la búsqueda del outfit perfecto, algo que dijese, no sé... "Me he puesto la primer cosita que encontrado y me queda así de ideal" o "¿yo? pero si yo he venido porque me has invitado a cenar", o tal vez "la verdad es que me da igual la cena porque te pienso comer a ti". Pero nada, no lo tenía claro, nada terminaba de convencerme.

La hora de irse a casa de mi anfitrión estaba cercana así que dejé de preocuparme por el vestuario, terminé de arreglarme, me puse mi abrigo largo de paño gris y una buena bufanda para el frío y salí hacia mi cita.

Al llegar a su casa me abrió la puerta con un par de cervezas en la mano, me miró y riéndose dijo:
- Menuda cara de frío.
- ¿qué quieres? ahí fuera hay como menos seis grados... respondí. Me quedé allí, en la entrada del salón, de pié, mirándole terminar de colocar un plato con patatas sobre la mesa.
- ¿Te vas a quedar ahí todo el fin de semana? Si no te quitas el abrigo te va a dar algo que aquí la calefacción está muy fuerte, fíjate, yo voy en manga corta.

Me quité la bufanda y mientras me desabrochaba el abrigo le pregunté dónde podía dejar ambas cosas. Me miró nuevamente para señalarme un perchero que había tras de mi y que, por supuesto, yo ya había visto.
- Mujer, pues ahí mism... ...o ¡joder! pe...peeero ¿has venido así desde tu casa?
- Si... bueno... no encontraba nada que ponerme ¿Es que no voy bien?

Al final, debajo del abrigo sólo estábamos un fantástico conjunto negro de lencería, unas medias y yo.

Se nos enfrió la cena, claro.